Médico especialista neurocirugía

Espondilolistesis lumbar: diagnóstico y tratamiento especializado en Las Palmas

La espondilolistesis lumbar es el deslizamiento de una vértebra sobre la que tiene por debajo, alterando la alineación normal de la columna y pudiendo comprimir las raíces nerviosas o la médula. Es una causa frecuente de dolor lumbar crónico y de limitación funcional progresiva, especialmente en personas mayores de 50 años. Con el diagnóstico correcto y un plan de tratamiento individualizado, la mayoría de los pacientes consigue una mejoría significativa de sus síntomas.

¿Qué es la espondilolistesis?

La espondilolistesis es el desplazamiento anterior de una vértebra sobre la vértebra inferior, que altera la estabilidad de ese segmento de la columna. Este deslizamiento puede producirse de forma gradual a lo largo de años o, con menor frecuencia, de forma más brusca tras un traumatismo o fractura. El nivel más frecuentemente afectado en la columna lumbar es L4-L5, seguido de L5-S1.

El desplazamiento vertebral puede estrechar el canal espinal y los agujeros de conjunción por donde salen las raíces nerviosas, produciendo compresión neurológica y los síntomas asociados. La gravedad del cuadro depende del grado de deslizamiento, la velocidad de progresión y la presencia o ausencia de inestabilidad vertebral.

Tipos y grados de espondilolistesis

Espondilolistesis degenerativa

La espondilolistesis degenerativa es la forma más frecuente y aparece como consecuencia del desgaste progresivo de los discos intervertebrales y las articulaciones facetarias —las articulaciones posteriores entre vértebras—. Al perder su capacidad de estabilización, la vértebra superior se desliza lentamente hacia delante. Afecta principalmente a mayores de 50 años, con mayor incidencia en mujeres, y el nivel L4-L5 es el más comprometido. Frecuentemente se asocia a estenosis de canal lumbar por el estrechamiento que produce el desplazamiento vertebral.

Espondilolistesis ístmica

La espondilolistesis ístmica se produce por una fractura o defecto en el istmo vertebral —la parte posterior de la vértebra que conecta las articulaciones—, lo que permite que el cuerpo vertebral se deslice hacia delante sin el anclaje posterior. Esta fractura del istmo se denomina espondilólisis y puede ser congénita, por estrés repetido en deportistas jóvenes o por traumatismo. El nivel más afectado es L5-S1. A diferencia de la degenerativa, suele presentarse en pacientes más jóvenes y su progresión es generalmente más lenta.

Grados I, II, III y IV: qué implican

El grado de deslizamiento se mide mediante la clasificación de Meyerding, que divide el deslizamiento en cuartos del cuerpo vertebral inferior:

  • Grado I: deslizamiento de hasta el 25%. Es el más frecuente. La mayoría responde bien al tratamiento conservador y raramente progresa.
  • Grado II: deslizamiento entre el 25% y el 50%. Puede producir síntomas más persistentes y en ocasiones requiere valoración quirúrgica.
  • Grado III: deslizamiento entre el 50% y el 75%. Produce compresión neurológica significativa y suele requerir tratamiento quirúrgico.
  • Grado IV: deslizamiento superior al 75%. Grave inestabilidad vertebral con compresión nerviosa severa. Requiere cirugía de descompresión y fusión.

La gran mayoría de los casos diagnosticados en consulta son grado I o II, con buen pronóstico con tratamiento adecuado.

Síntomas de la espondilolistesis lumbar

Dolor lumbar, ciática y rigidez

El síntoma más frecuente es el dolor lumbar crónico, que puede ser continuo o aparecer en crisis de agudización. Se localiza en la zona baja de la espalda y frecuentemente se irradia hacia los glúteos. Cuando el deslizamiento comprime una raíz nerviosa, aparece ciática —dolor que desciende por la pierna siguiendo el trayecto del nervio ciático—, con el mismo patrón de irradiación que en la hernia discal lumbar. La rigidez lumbar es también característica, especialmente al levantarse por las mañanas o tras períodos prolongados de inactividad. El dolor suele empeorar con la extensión del tronco, estar de pie largo rato y caminar, y mejorar al sentarse o inclinarse ligeramente hacia delante.

Claudicación neurógena y limitación al caminar

Cuando la espondilolistesis produce estenosis de canal lumbar asociada, puede aparecer claudicación neurógena: dolor, hormigueo o sensación de pesadez en una o ambas piernas que aumenta progresivamente al caminar y obliga al paciente a detenerse para aliviarla. La mejoría al inclinarse hacia delante o al sentarse —que amplía momentáneamente el canal espinal— es característica de este patrón. La distancia que el paciente puede recorrer antes de que aparezcan los síntomas —denominada perímetro de marcha— es un indicador útil de la gravedad de la compresión neurológica y de la evolución del tratamiento.

 

Señales de alarma neurológica

Los siguientes síntomas requieren valoración urgente sin esperar cita programada:

  • Pérdida de fuerza rápidamente progresiva en una o ambas piernas
  • Incontinencia o retención urinaria o fecal de aparición brusca
  • Pérdida de sensibilidad en silla de montar (genitales, periné e interior de los muslos)
  • Ciática bilateral de inicio simultáneo
  • Dolor que no cede en reposo ni en ninguna postura y aparece también de noche

Estos síntomas pueden indicar un síndrome de la cola de caballo, una urgencia neuroquirúrgica que re

Diagnóstico de la espondilolistesis

Exploración clínica y neurológica

El diagnóstico comienza con una historia clínica completa y una exploración neurológica en consulta. El neurocirujano evalúa el patrón del dolor, los reflejos osteotendinosos, la fuerza muscular segmentaria, la sensibilidad por dermatomas y la marcha. En la espondilolistesis significativa puede palparse un escalón vertebral en la región lumbar baja al explorar la columna. La evaluación del perímetro de marcha y la respuesta postural —mejora al inclinarse— orientan sobre el componente de estenosis dinámica asociada.

Radiografías dinámicas en flexión-extensión

Las radiografías simples de columna lumbar en carga son la primera prueba de imagen para valorar la espondilolistesis: permiten medir el grado de deslizamiento vertebral y detectar la espondilólisis ístmica. Las radiografías dinámicas en flexión y extensión son especialmente valiosas porque revelan si el deslizamiento es estable o si existe inestabilidad segmentaria —variación del desplazamiento entre las dos posiciones—. Esta información es determinante para la indicación quirúrgica, ya que la inestabilidad dinámica es uno de los criterios más importantes para plantear la fusión vertebral.

Resonancia magnética y TAC

La resonancia magnética (RM) lumbar es imprescindible para valorar el grado de compresión de las raíces nerviosas y del canal espinal, el estado de los discos intervertebrales, la presencia de estenosis foraminal y la afectación de los tejidos blandos. Permite planificar con precisión la extensión de la descompresión y la necesidad de fusión. El TAC lumbar aporta información complementaria sobre la morfología ósea —grado de artrosis facetaria, defecto del istmo en la forma ístmica, calidad ósea— y es fundamental para la planificación quirúrgica cuando se contempla una artrodesis. En casos con antecedente de fractura vertebral previa, la combinación de RM y TAC permite descartar inestabilidad de origen traumático.

Tratamiento de la espondilolistesis

Tratamiento conservador y rehabilitación

En la mayoría de los casos de espondilolistesis grado I y muchos de grado II, el tratamiento inicial es conservador y consigue un control adecuado de los síntomas sin necesidad de cirugía. El objetivo es reducir el dolor, estabilizar el segmento afectado mediante la musculatura paravertebral y mejorar la funcionalidad del paciente.

El abordaje conservador incluye:

  • Analgesia y antiinflamatorios ajustados a la intensidad del dolor, con escalada terapéutica progresiva si es necesario.
  • Fisioterapia y rehabilitación dirigida: programa de fortalecimiento de la musculatura lumbar, abdominal y glútea —el llamado trabajo de core— que actúa como estabilizador dinámico de la columna, reduciendo la carga sobre el segmento deslizado. Es el pilar fundamental del tratamiento conservador a largo plazo.
  • Modificación de actividades: evitar las posturas y movimientos que agravan el deslizamiento, especialmente la hiperextensión de tronco.
  • Control del peso corporal: reducir el exceso de peso disminuye directamente la carga sobre el segmento inestable.

Infiltraciones y control del dolor

Cuando el dolor persiste a pesar del tratamiento oral y la fisioterapia, las infiltraciones guiadas por imagen ofrecen una alternativa eficaz para el control del dolor y la mejora funcional:

  • Infiltraciones epidurales de corticoides: depositan el antiinflamatorio directamente en el espacio epidural junto a las raíces comprimidas, reduciendo la inflamación radicular y mejorando los síntomas en semanas.
  • Infiltraciones facetarias: cuando el dolor tiene un componente articular predominante —artropatía facetaria asociada al deslizamiento—, la infiltración de las articulaciones facetarias con corticoide y anestésico local puede proporcionar alivio sostenido.
  • Radiofrecuencia de las ramas mediales: en pacientes con dolor facetario crónico que responden bien a las infiltraciones diagnósticas, la radiofrecuencia de las ramas nerviosas que inervan las articulaciones puede ofrecer un efecto analgésico más duradero.

Cirugía: descompresión y fijación vertebral (artrodesis)

La cirugía está indicada cuando:

  • El tratamiento conservador ha fracasado tras 3-6 meses sin mejoría clínica suficiente
  • Existe déficit neurológico progresivo: pérdida de fuerza o sensibilidad que empeora con el tiempo
  • Hay inestabilidad segmentaria significativa demostrada en las radiografías dinámicas
  • El grado de deslizamiento es III o IV con compresión neurológica severa
  • Existe síndrome de la cola de caballo (indicación de cirugía urgente)

La intervención estándar para la espondilolistesis lumbar es la descompresión neurológica combinada con artrodesis —fusión vertebral—. La descompresión libera las raíces nerviosas comprimidas mediante laminectomía o foraminotomía. La artrodesis estabiliza el segmento deslizado fijando las vértebras entre sí con tornillos pediculares y varillas, e insertando un injerto óseo o una caja intersomática (PLIF, TLIF) para fusionar los cuerpos vertebrales. La fusión impide que el deslizamiento progrese y elimina el dolor de origen mecánico-inestable.

La duración de la intervención varía según la extensión de la cirugía, pero habitualmente oscila entre 2 y 4 horas. La estancia hospitalaria suele ser de 3-5 días. La recuperación funcional completa puede tardar entre 3 y 6 meses, con un programa de rehabilitación postoperatoria fundamental para optimizar el resultado.

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El Gabinete Canario de Neurocirugía, con consulta en el Hospital San Roque Las Palmas y el Hospital San Roque Maspalomas, ofrece valoración especializada de la espondilolistesis lumbar y la patología de columna, con un enfoque individualizado para cada paciente.

Si tienes dolor lumbar crónico, limitación al caminar o irradiación a las piernas, solicita valoración con nuestro equipo.

La información contenida en esta página es de carácter divulgativo y no sustituye la valoración médica individual. Ante la sospecha de estenosis lumbar u otra patología de columna, consulte siempre con un especialista.

Preguntas frecuentes sobre la espondilolistesis lumbar

La espondilolistesis grado I tiene muy buen pronóstico con tratamiento conservador. La mayoría de los pacientes controla los síntomas con fisioterapia, ejercicio y hábitos posturales adecuados, sin necesidad de cirugía. La progresión del deslizamiento en adultos es poco frecuente.

Sí, y de hecho caminar es uno de los ejercicios más recomendados en la espondilolistesis leve-moderada. Cuando existe claudicación neurógena asociada, la distancia recorrida puede estar limitada, pero el ejercicio adaptado forma parte fundamental del tratamiento conservador.

En la mayoría de los adultos la progresión es lenta o se estabiliza espontáneamente. Los factores que aumentan el riesgo de progresión incluyen el grado inicial elevado, la inestabilidad dinámica en radiografías y la presencia de osteoporosis.

La artrodesis se indica cuando hay déficit neurológico progresivo, inestabilidad segmentaria significativa, fracaso del tratamiento conservador tras varios meses o deslizamiento de grado III-IV. La decisión siempre es individualizada tras valoración completa por el neurocirujano.

La estancia hospitalaria habitual es de 3-5 días. La incorporación a actividades suaves es posible en 4-6 semanas y la recuperación funcional completa suele alcanzarse entre los 3 y 6 meses, con rehabilitación postoperatoria.

El nivel L5-S1 es el más frecuente en la forma ístmica y tiene características biomecánicas propias por ser la unión lumbosacra. Los síntomas y el tratamiento son similares a otros niveles, aunque la planificación quirúrgica tiene consideraciones técnicas específicas para este segmento.