Médico especialista neurocirugía

Protrusión discal lumbar: síntomas, diagnóstico y tratamiento en Las Palmas

La protrusión discal lumbar es una de las alteraciones más frecuentes de la columna vertebral. Se produce cuando el disco intervertebral se deforma y abomba hacia el canal espinal sin llegar a romperse, pudiendo irritar o comprimir las estructuras nerviosas cercanas. Muchas protrusiones discales son asintomáticas, pero cuando generan dolor o déficit neurológico, requieren una valoración especializada para orientar el tratamiento más adecuado.

¿Qué es una protrusión discal?

Una protrusión discal es la deformación del disco intervertebral en la que el núcleo pulposo —el interior gelatinoso del disco— empuja hacia fuera desplazando el anillo fibroso, pero sin llegar a romperlo ni a salir al exterior. El disco permanece contenido, pero su contorno sobresale más allá de los límites normales del espacio intervertebral.

Este abombamiento puede producirse en cualquier dirección —posterior, posterolateral o paracentral— y afectar en mayor o menor medida al canal espinal o a los agujeros de conjunción por donde salen las raíces nerviosas. En la región lumbar, los niveles más frecuentemente afectados son L4-L5 y L5-S1, que corresponden a los discos que soportan mayor carga mecánica a lo largo de la vida.

El término abombamiento discal es sinónimo de protrusión y se utiliza indistintamente en los informes de resonancia magnética.

Diferencia entre protrusión discal y hernia discal

Protrusión discal contenida

En la protrusión discal, el anillo fibroso está íntegro o solo parcialmente dañado. El núcleo pulposo empuja desde dentro pero no atraviesa el anillo fibroso. La base del abombamiento es más ancha que su proyección, lo que en radiología se describe como una protrusión de base ancha. Generalmente produce síntomas más leves y tiene mayor tendencia a la resolución con tratamiento conservador.

Hernia discal extruida o secuestro discal

En la hernia discal, el núcleo pulposo ha roto el anillo fibroso y ha migrado al canal espinal. Cuando el fragmento herniado pierde contacto con el disco de origen se denomina secuestro discal. La hernia discal lumbar extruida o secuestrada produce compresión nerviosa más directa e intensa, con mayor probabilidad de requerir tratamiento quirúrgico. Sin embargo, paradójicamente, los fragmentos extruidos también tienen mayor capacidad de reabsorción espontánea.

Síntomas de la protrusión discal

Dolor lumbar y ciatalgia

El síntoma más frecuente es el dolor lumbar, que puede ser localizado en la zona baja de la espalda o irradiarse hacia la pierna siguiendo el trayecto del nervio ciático —lo que se denomina ciatalgia o lumbociática—. El dolor suele empeorar con determinadas posturas como estar sentado prolongadamente, inclinarse hacia delante o levantar peso, y puede mejorar al tumbarse en posición fetal o al caminar a paso suave.

En protrusiones paracentrales o posterolaterales, la raíz nerviosa adyacente queda atrapada en el agujero de conjunción, produciendo un dolor radicular de recorrido bien definido según el nivel afectado: el dolor que desciende por el muslo anterior y la rodilla orienta a L4, el que baja por la parte externa de la pierna hasta el dorso del pie a L5, y el que recorre la pantorrilla hasta el talón a S1.

Hormigueo, entumecimiento y debilidad en pierna

Además del dolor, la irritación de la raíz nerviosa puede producir parestesias —hormigueo, pinchazos o sensación de adormecimiento— en el territorio que inerva esa raíz. En casos con compresión más significativa aparece pérdida de sensibilidad (hipoestesia) o debilidad muscular: dificultad para elevar el pie al caminar (pie caído por afectación de L5), incapacidad para ponerse de puntillas (afectación de S1) o debilidad en la extensión de la rodilla (afectación de L4). La presencia de debilidad muscular indica compromiso neurológico activo y requiere valoración neuroquirúrgica sin demora.

Señales de alarma que requieren valoración urgente

Ante los siguientes síntomas es necesario consultar de urgencias y no esperar cita programada:

  • Pérdida de fuerza rápidamente progresiva en una o ambas piernas
  • Incontinencia o retención urinaria o fecal de aparición brusca
  • Pérdida de sensibilidad en silla de montar (genitales, periné e interior de los muslos)
  • Dolor bilateral en ambas piernas de inicio simultáneo
  • Dolor que no cede en ninguna postura y aparece también en reposo o por la noche

Estos síntomas pueden indicar un síndrome de la cola de caballo, una urgencia neuroquirúrgica que requiere descompresión quirúrgica en horas para evitar secuelas permanentes.

Causas y factores de riesgo

Degeneración del disco y sobrecarga mecánica

La causa principal de la protrusión discal es la degeneración progresiva del disco intervertebral con la edad. A partir de los 30 años, los discos pierden contenido de agua, reducen su altura y se vuelven menos elásticos y resistentes a la carga. Este proceso de deshidratación hace que el anillo fibroso se debilite y sea más susceptible de abombarse ante presiones que en condiciones normales toleraría sin problema. La sobrecarga mecánica repetida —movimientos de flexión y rotación del tronco, levantamiento de peso en mala postura— acelera este proceso de degeneración.

Trabajo físico, sedentarismo y peso corporal

Los factores de riesgo más frecuentemente asociados al desarrollo de protrusión discal lumbar son:

  • Trabajo físico con carga: los oficios que implican levantar, empujar o transportar peso de forma repetida aumentan significativamente la presión intradiscal.
  • Sedentarismo y debilidad muscular: la musculatura lumbar y abdominal actúa como corsé natural de la columna. Su debilidad traslada el esfuerzo mecánico directamente a los discos.
  • Exceso de peso corporal: cada kilo adicional incrementa la carga sobre los discos lumbares, especialmente en L4-L5 y L5-S1.
  • Tabaquismo: reduce el aporte de nutrientes al disco intervertebral, acelerando su degeneración.
  • Factores genéticos: existe una predisposición familiar a la degeneración discal precoz que no depende del estilo de vida.

Diagnóstico de la protrusión discal

Exploración neurológica en consulta

El diagnóstico comienza con una historia clínica detallada y una exploración neurológica en consulta. El neurocirujano evalúa el patrón del dolor, los reflejos osteotendinosos, la fuerza muscular por grupos musculares y la sensibilidad en cada dermatoma. La maniobra de Lasègue —elevación de la pierna extendida— y la maniobra de Bragard son positivas cuando hay irritación radicular activa y orientan el diagnóstico antes de cualquier prueba de imagen. La exploración es esencial para correlacionar los hallazgos de la resonancia con la clínica real del paciente, ya que muchas protrusiones discales visibles en imagen son asintomáticas.

Resonancia magnética, TAC y electromiografía

La resonancia magnética (RM) lumbar es la prueba de imagen de elección para el estudio de la protrusión discal. Permite visualizar el disco, el canal espinal, las raíces nerviosas y los tejidos blandos con alta resolución, identificando con precisión la localización, el tamaño y la dirección de la protrusión —posterior central, paracentral, posterolateral o foraminal— así como el grado de compromiso radicular. Es fundamental para planificar el tratamiento y, en caso de indicación quirúrgica, la técnica más adecuada.

El TAC lumbar complementa a la RM cuando se requiere mayor detalle de las estructuras óseas o cuando la RM está contraindicada. La electromiografía (EMG) se reserva para casos seleccionados en los que existe duda diagnóstica, los síntomas no se correlacionan claramente con las imágenes o se quiere cuantificar el grado de afectación nerviosa. También es útil para descartar otras causas de dolor en la pierna como neuropatías periféricas o radiculopatías de otro origen. En pacientes con estenosis de canal lumbar asociada, la valoración diagnóstica se amplía para evaluar el conjunto de la patología.

Tratamiento de la protrusión discal

Manejo conservador: fármacos, fisioterapia e infiltraciones

La gran mayoría de las protrusiones discales responden al tratamiento conservador, que es siempre la primera línea de actuación salvo que existan señales de alarma neurológica. El objetivo es reducir el dolor, controlar la inflamación y recuperar la función, mientras el disco tiene oportunidad de estabilizarse o reabsorberse parcialmente.

El abordaje conservador incluye:

  • Analgesia escalonada: desde antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) hasta analgésicos de mayor potencia según la intensidad del dolor, con ajuste individualizado.
  • Corticoides orales en ciclos cortos cuando el componente inflamatorio radicular es predominante.
  • Fisioterapia dirigida: programa de ejercicios de estabilización lumbar, fortalecimiento de la musculatura paravertebral y técnicas de movilización neural para reducir la tensión sobre la raíz afectada. El reposo absoluto no está recomendado —la actividad física adaptada favorece la recuperación.
  • Infiltraciones epidurales de corticoides: cuando el dolor persiste a pesar del tratamiento oral, la infiltración guiada por imagen deposita el antiinflamatorio directamente en el espacio epidural junto a la raíz irritada, consiguiendo una reducción eficaz del dolor y mejorando la funcionalidad en semanas.

Técnicas mínimamente invasivas

Cuando el tratamiento conservador no consigue un control suficiente del dolor pero la cirugía no está todavía indicada, existen opciones mínimamente invasivas que pueden marcar la diferencia:

  • Nucleoplastia o descompresión intradiscal percutánea: reduce el volumen del núcleo pulposo mediante energía de radiofrecuencia, disminuyendo la presión sobre el anillo y las raíces nerviosas. Indicada en protrusiones contenidas con componente discogénico predominante.
  • Radiofrecuencia pulsada sobre el ganglio de la raíz dorsal: modula la transmisión del dolor sin destruir tejido nervioso, con efecto analgésico sostenido.
  • Ozonioterapia intradiscal: la inyección de ozono en el disco favorece su deshidratación y reduce el volumen de la protrusión, aliviando la compresión radicular.

La indicación de cada técnica depende del perfil del paciente, la morfología de la protrusión y la respuesta previa a otros tratamientos.

 

Cirugía: cuándo está indicada

La cirugía se indica cuando concurre alguna de las siguientes condiciones:

  • El tratamiento conservador ha fracasado tras 6-8 semanas sin mejoría clínica significativa
  • Existe déficit neurológico progresivo: pérdida de fuerza o sensibilidad que empeora con el tiempo
  • El dolor es incapacitante y no se controla con los tratamientos disponibles
  • Hay signos de síndrome de la cola de caballo (indicación de cirugía urgente)

La técnica quirúrgica de referencia es la microdiscectomía lumbar: a través de una incisión mínima y con magnificación microscópica o endoscópica, el neurocirujano descomprime la raíz nerviosa retirando el material discal que la compromete. La intervención dura aproximadamente 45-90 minutos, se realiza bajo anestesia general y permite el alta hospitalaria en 24-48 horas en la mayoría de los casos. En pacientes bien seleccionados, las tasas de éxito superan el 85-90%.

Recuperación y prevención de nuevos episodios

La recuperación tras el tratamiento de una protrusión discal es progresiva y varía según cada paciente y el tipo de tratamiento seguido. Con manejo conservador, la mejoría suele producirse de forma gradual en las primeras semanas, con resolución del cuadro en la mayoría de los casos en 6-12 semanas. Tras la microdiscectomía, la mayoría de los pacientes experimenta mejoría del dolor radicular en los primeros días, aunque la recuperación neurológica completa puede tardar semanas o meses dependiendo del tiempo que la raíz haya estado comprimida. La estancia hospitalaria habitual tras la cirugía es de 1-2 días.

Para prevenir nuevos episodios y ralentizar la progresión de la degeneración discal es fundamental:

  • Fortalecer la musculatura lumbar y abdominal: un core potente y estable reduce la sobrecarga sobre los discos de forma significativa.
  • Controlar el peso corporal: reducir el exceso de peso disminuye directamente la presión intradiscal en los niveles lumbares bajos.
  • Adoptar una higiene postural correcta: evitar flexiones mantenidas de tronco, sentarse con la espalda apoyada y utilizar técnica correcta al levantar peso.
  • Mantenerse activo: el ejercicio regular —natación, pilates, caminar— es uno de los factores protectores más eficaces frente a la recidiva.
  • Seguir el programa de rehabilitación pautado por el especialista durante los meses posteriores al tratamiento.

Pide cita con tu neurocirujano en Las Palmas

El Gabinete Canario de Neurocirugía, con consulta en el Hospital San Roque Las Palmas y el Hospital San Roque Maspalomas, ofrece valoración especializada de la protrusión discal lumbar y la patología de columna, con un enfoque personalizado para cada paciente.

Si tienes dolor lumbar con irradiación a la pierna, hormigueos o pérdida de fuerza, solicita valoración con nuestro equipo.

La información contenida en esta página es de carácter divulgativo y no sustituye la valoración médica individual. Ante la sospecha de estenosis lumbar u otra patología de columna, consulte siempre con un especialista.

Preguntas frecuentes sobre la protrusión discal lumbar

Muchas protrusiones discales se estabilizan o reducen de tamaño con el tiempo y el tratamiento conservador adecuado. La resolución espontánea completa es más frecuente en protrusiones pequeñas y en pacientes jóvenes. Sin embargo, sin tratamiento el proceso puede cronificarse o progresar hacia una hernia discal extruida.

n la protrusión el disco está deformado pero el anillo fibroso permanece íntegro —el material discal no ha salido al exterior—. En la hernia discal el anillo se ha roto y el núcleo pulposo ha migrado al canal espinal. Ambas pueden producir síntomas similares, pero la hernia extruida suele generar una compresión más directa sobre el nervio.

Es una protrusión que se dirige hacia uno de los lados del canal espinal —derecho o izquierdo— en lugar de hacerlo de forma central. Tiene mayor probabilidad de comprimir la raíz nerviosa correspondiente a ese lado, produciendo síntomas unilaterales en la pierna.

Sí, ambos términos describen el mismo proceso: la deformación del disco que sobresale más allá de sus límites normales sin llegar a romperse. Son términos intercambiables en los informes de resonancia magnética.

La estancia hospitalaria habitual es de 1-2 días. La mayoría de los pacientes puede retomar actividades suaves en 2-4 semanas y su actividad laboral habitual en 4-8 semanas según el tipo de trabajo. La recuperación neurológica completa puede tardar varios meses si ha habido compresión prolongada.

Depende de la intensidad de los síntomas y del tipo de trabajo. En muchos casos es posible mantener la actividad laboral adaptando posturas y evitando sobrecargas. El neurocirujano valorará en consulta las limitaciones específicas según cada caso.