Médico especialista neurocirugía

Hidrocefalia: tipos, síntomas y opciones de tratamiento

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Que a una persona mayor le empiece a fallar el equilibrio, pierda memoria y se le escape la orina no siempre es «cosa de la edad» ni el principio de un Alzheimer. A veces detrás de ese cuadro hay una causa tratable con cirugía: la hidrocefalia.

La hidrocefalia es la acumulación excesiva de líquido cefalorraquídeo en los ventrículos del cerebro, que aumenta la presión intracraneal. Puede aparecer en bebés, niños y adultos, con síntomas muy distintos según la edad. El tratamiento estándar es neuroquirúrgico: válvula de derivación ventriculoperitoneal o, en casos seleccionados, ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo.

No es una enfermedad solo pediátrica, y esa es una idea equivocada muy extendida. Reconocer el patrón a tiempo es lo que marca la diferencia, porque en pacientes bien seleccionados la cirugía frena el deterioro y recupera función. El objetivo de este artículo es ayudar a identificarla: qué la provoca, qué tipos existen, qué síntomas deben hacer sospecharla y cuándo está indicada la cirugía.

¿Qué es la hidrocefalia?

La hidrocefalia es una alteración neurológica en la que se acumula un exceso de líquido cefalorraquídeo (LCR) dentro de los ventrículos cerebrales. Ese líquido protege el cerebro y la médula espinal, pero cuando no circula o no se reabsorbe bien dilata los ventrículos, eleva la presión intracraneal y compromete el funcionamiento del tejido cerebral.

Aunque muchas personas la asocian con recién nacidos, no es una enfermedad exclusivamente pediátrica. También aparece en adultos y personas mayores, y en pacientes que han sufrido traumatismos, hemorragias, infecciones o cirugías previas. En la edad adulta existe además la hidrocefalia normotensiva, una causa tratable de deterioro cognitivo que puede confundirse con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Causas y mecanismo del líquido cefalorraquídeo

El líquido cefalorraquídeo se produce de forma continua dentro del sistema ventricular, circula por los ventrículos y los espacios que rodean el cerebro y la médula, y se reabsorbe hacia la sangre. En condiciones normales hay un equilibrio entre lo que se produce, lo que circula y lo que se reabsorbe.

La hidrocefalia aparece cuando ese equilibrio se rompe. Puede ocurrir porque el líquido encuentra un obstáculo en su recorrido, porque no se reabsorbe correctamente o, con mucha menos frecuencia, porque se produce en exceso. El resultado es siempre el mismo: una acumulación progresiva de LCR que dilata los ventrículos.

La velocidad importa tanto como la causa. Cuando la acumulación es rápida, la presión intracraneal sube de golpe y provoca síntomas intensos. Cuando el proceso es lento, el cerebro se adapta durante un tiempo, y eso explica que algunas formas en el adulto se manifiesten de forma sutil: torpeza al caminar, pérdida de memoria o cambios en el control de la vejiga.

Tipos de hidrocefalia: clasificación clínica

Desde el punto de vista clínico, la clasificación más útil distingue entre hidrocefalia comunicante y no comunicante, según dónde esté el problema. A esa división se suman otras dos formas con nombre propio por su relevancia: la normotensiva del adulto y la separación entre congénita y adquirida.

Hidrocefalia comunicante

En la hidrocefalia comunicante, el LCR consigue circular por los ventrículos, pero falla su reabsorción. Suele aparecer tras hemorragias subaracnoideas, meningitis, procesos inflamatorios o cirugías que alteran los mecanismos normales de absorción del líquido.

Hidrocefalia no comunicante u obstructiva

La hidrocefalia no comunicante, también llamada obstructiva, aparece cuando hay un bloqueo en algún punto del sistema ventricular. Esa obstrucción puede deberse a tumores, quistes, estenosis del acueducto de Silvio o secuelas de infecciones. El líquido se acumula por encima del punto de bloqueo y dilata los ventrículos.

Hidrocefalia normotensiva

La hidrocefalia normotensiva afecta sobre todo a personas mayores y se caracteriza por el aumento del tamaño de los ventrículos con una presión del LCR que puede medirse dentro de rangos normales en tomas puntuales. Esa particularidad hace que el diagnóstico sea difícil y que a veces pase desapercibido.

Su presentación clásica es la Triada de Hakim (o Hakim-Adams): alteración de la marcha, incontinencia urinaria y deterioro cognitivo. La alteración de la marcha suele ser el primer síntoma; muchos pacientes describen los pies «pegados al suelo», pasos cortos, inseguridad o dificultad para girar. Después llegan la urgencia urinaria y los problemas de memoria, atención o planificación.

Su importancia está en que puede confundirse con Alzheimer o Parkinson, porque comparte lentitud, pérdida de memoria y apatía. Pero hay una diferencia clave: en pacientes bien seleccionados, la hidrocefalia normotensiva mejora con derivación del LCR. Por eso se considera una de las pocas causas reversibles de deterioro cognitivo en el mayor.

Hidrocefalia congénita vs adquirida

Según el momento de aparición, la hidrocefalia puede ser congénita o adquirida. La congénita está presente desde el nacimiento y suele relacionarse con alteraciones del desarrollo del sistema nervioso central, malformaciones o problemas durante la gestación. La adquirida aparece después del nacimiento, en cualquier etapa de la vida, como consecuencia de traumatismos, tumores, hemorragias, infecciones o complicaciones quirúrgicas.

Hidrocefalia comunicante vs no comunicante: tabla comparativa

Estas dos formas se confunden con frecuencia, y no describen lo mismo: cambian el mecanismo, las causas y, sobre todo, el tratamiento. Esta es la diferencia resumida.

AspectoComunicanteNo comunicante (obstructiva)
MecanismoReabsorción alterada del LCRObstrucción del flujo entre ventrículos
Causas típicasHemorragia subaracnoidea, meningitis, hidrocefalia normotensiva del adultoEstenosis del acueducto, tumor, quiste coloide
Diagnóstico claveRM + valoración clínica + tap test si se sospecha normotensivaRM + estudio del flujo del LCR
Tratamiento estándarVálvula de derivación ventriculoperitoneal (VP)Ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo (ETV) o válvula VP

Síntomas de la hidrocefalia por edad

Los síntomas dependen de la edad del paciente, de la velocidad con la que se acumula el LCR y del grado de presión sobre el cerebro. No es lo mismo un bebé, en el que el cráneo todavía puede expandirse, que un adulto con el cráneo ya rígido. Este es el patrón según la edad.

En bebés: aumento rápido del perímetro craneal, fontanela abombada, ojos desviados hacia abajo («signo del sol poniente»), irritabilidad, vómitos, somnolencia y retraso en el desarrollo.

En niños: dolor de cabeza, náuseas y vómitos, visión borrosa o doble, problemas de equilibrio y coordinación, somnolencia, irritabilidad o descenso del rendimiento escolar.

En adultos y personas mayores: cuando el cuadro es rápido, dolor de cabeza intenso, náuseas, vómitos, somnolencia, visión borrosa o alteración del nivel de conciencia (urgencia médica). Cuando evoluciona despacio, los síntomas son más discretos: alteración de la marcha, pérdida de equilibrio, deterioro cognitivo e incontinencia urinaria, la combinación típica de la hidrocefalia en adultos de tipo normotensivo.

La clave está en no atribuir estos cambios al envejecimiento sin más. Una persona mayor que empieza a caminar peor, pierde memoria y desarrolla problemas urinarios debe valorarse de forma específica, porque la causa puede ser tratable.

Cuándo es urgente — actúa de inmediato:
  • Cefalea intensa de aparición brusca, vómitos o alteración de la conciencia.
  • Pérdida súbita de la marcha o empeoramiento neurológico rápido.
  • Visión borrosa o doble de instauración aguda.
  • En hidrocefalia ya diagnosticada con válvula: cualquier síntoma nuevo obliga a valoración neuroquirúrgica inmediata.

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Diagnóstico: TC, RM y valoración clínica

El diagnóstico empieza con una historia clínica detallada y una exploración neurológica completa. El especialista valora los síntomas, cómo han evolucionado, los antecedentes (traumatismos, hemorragias, infecciones, tumores o cirugías) y el impacto en la vida diaria.

Las pruebas de imagen son fundamentales. La TC craneal detecta la dilatación de los ventrículos y signos de presión o lesiones asociadas. La resonancia magnética (RM) aporta un detalle mucho mayor del sistema ventricular, el tejido cerebral y posibles obstrucciones, tumores o malformaciones, y ayuda a identificar signos compatibles con hidrocefalia normotensiva.

En casos seleccionados, sobre todo si se sospecha normotensiva, se realizan pruebas funcionales para estimar la probabilidad de mejorar con una derivación. La más habitual es la punción lumbar de descarga o tap test: se extrae una cantidad controlada de LCR y se valora si mejoran la marcha, el equilibrio o el rendimiento cognitivo. También se emplea el test de infusión, que analiza la resistencia a la salida del líquido.

El diagnóstico definitivo no se basa en una sola prueba: integra síntomas, exploración, imagen y respuesta a las pruebas de drenaje. Esa visión de conjunto es lo que permite seleccionar bien a quién se va a beneficiar de la cirugía.

Tratamiento neuroquirúrgico de la hidrocefalia

El tratamiento depende del tipo de hidrocefalia, la causa, la edad, la velocidad de progresión y el estado general del paciente. En la mayoría de los casos el tratamiento eficaz es quirúrgico, porque el objetivo es resolver la acumulación de LCR desviando el líquido o restaurando su circulación. Cuando existe una causa concreta (un tumor, una obstrucción), el abordaje también puede dirigirse a esa lesión.

La decisión es individualizada. No todos los pacientes con ventrículos dilatados necesitan cirugía, y no todo deterioro cognitivo es hidrocefalia. Por eso la valoración debe hacerla un equipo con experiencia en patología del LCR.

Válvula de derivación ventriculoperitoneal (VP)

La válvula de derivación es uno de los tratamientos más utilizados. El sistema más frecuente es la derivación ventriculoperitoneal: un catéter dentro de un ventrículo cerebral, conectado a una válvula bajo la piel, y un segundo catéter que conduce el LCR hasta el abdomen, donde el organismo lo reabsorbe.

La válvula regula el paso del líquido para evitar tanto el drenaje insuficiente como el excesivo. En muchos casos se emplean válvulas programables, que permiten ajustar la presión de apertura desde el exterior sin necesidad de otra cirugía, algo especialmente útil en la hidrocefalia normotensiva. La intervención se realiza bajo anestesia general y suele durar entre 45 y 90 minutos, aunque cada caso recibe una estimación individual del equipo quirúrgico.

Ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo (ETV)

La ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo (ETV) es una alternativa para determinados tipos de hidrocefalia obstructiva. Mediante neuroendoscopia, el neurocirujano crea una pequeña comunicación en el suelo del tercer ventrículo para que el LCR sortee la obstrucción y circule por una vía alternativa.

No todos los pacientes son candidatos: su utilidad depende de la causa, la localización del bloqueo y la anatomía ventricular. Cuando está indicada, puede evitar implantar una válvula permanente, pero no es una solución universal para cualquier hidrocefalia.

Recuperación y vida con una válvula de derivación

La recuperación depende del estado previo del paciente, la causa y la técnica empleada. En los primeros días, el equipo vigila la evolución neurológica, las heridas, el funcionamiento de la válvula y las posibles complicaciones; a menudo se requiere ingreso durante varios días.

Vivir con una válvula es compatible con una vida activa y autónoma. La válvula queda bajo la piel y no suele limitar las actividades cotidianas una vez completada la recuperación, pero requiere seguimiento periódico con el neurocirujano. El paciente y su familia deben conocer los signos de alarma —reaparición de cefalea intensa, vómitos, somnolencia, fiebre, enrojecimiento de las heridas, empeoramiento de la marcha o confusión— porque las complicaciones (infección, obstrucción, drenaje excesivo o insuficiente) pueden aparecer pronto o años después.

En la hidrocefalia normotensiva, la marcha suele ser lo que mejor y antes responde; la memoria y la autonomía también pueden mejorar, con un grado variable según el tiempo de evolución y la selección del paciente. El seguimiento posterior y los cuidados postoperatorios neuroquirúrgicos son parte esencial del resultado.

Pronóstico y consecuencias sin tratamiento

La hidrocefalia es una patología compleja, pero también una de las enfermedades neurológicas en las que un diagnóstico preciso puede cambiar radicalmente la evolución. Sin tratamiento, el aumento mantenido de la presión intracraneal daña el tejido cerebral y provoca un deterioro progresivo de la marcha, la cognición y el control de esfínteres; en las formas agudas, la hipertensión intracraneal puede ser mortal.

Con diagnóstico y cirugía adecuados, el pronóstico es favorable en muchos pacientes: la derivación no cura la predisposición a acumular LCR, pero permite controlarla y detener el deterioro. Como en otras patologías cerebrales de este tipo —por ejemplo el hematoma subdural crónico—, actuar a tiempo es lo que preserva la autonomía y la calidad de vida.

Preguntas frecuentes sobre la hidrocefalia

¿Qué pasa si una persona tiene hidrocefalia?

Sin tratamiento, el aumento de presión intracraneal daña la médula y el tejido cerebral: en adultos aparece trastorno de la marcha, deterioro cognitivo y pérdida de control de esfínteres; en bebés, aumento del perímetro craneal y retraso del desarrollo. La cirugía a tiempo frena la progresión.

¿Qué tipo de discapacidad provoca la hidrocefalia?

Depende del tipo, la edad de inicio y el tiempo de evolución. Puede provocar discapacidad motora (marcha, equilibrio), cognitiva (memoria, atención), sensorial (visión) y de esfínteres. Tratada precozmente, muchas secuelas son reversibles o se estabilizan.

¿Es curable la hidrocefalia?

No se cura en sentido estricto, pero se controla. La cirugía (válvula de derivación o endoscopia) resuelve la hipertensión intracraneal y detiene el deterioro. La mayoría de pacientes recupera función y calidad de vida; requiere seguimiento neuroquirúrgico de por vida.

¿Cuántos años viven las personas con hidrocefalia?

Con diagnóstico y tratamiento neuroquirúrgico adecuados, la esperanza de vida es prácticamente normal. Sin tratamiento, la mortalidad es alta por la hipertensión intracraneal. El pronóstico depende de la causa, la edad y la respuesta a la cirugía; el seguimiento es clave.

Este contenido tiene carácter divulgativo e informativo y no sustituye la valoración ni el criterio de un médico especialista; conviene consultar siempre con un profesional ante cualquier síntoma.

Neurocirujanos colegiados en Las Palmas (Canarias)

El diagnóstico y tratamiento de la hidrocefalia requiere experiencia en patología del líquido cefalorraquídeo y en neurocirugía. Como recuerda el Dr. Francisco Delgado López (nº de colegiado 353508369), neurocirujano, la clave está en distinguir la hidrocefalia de otras enfermedades neurológicas y seleccionar bien a quién se va a beneficiar de la cirugía. Y como explica el Dr. Daniel Rodríguez Pons (nº de colegiado 352855216), especialista en Neurocirugía, una valoración detallada e individualizada es lo que permite proponer el plan más adecuado en cada caso.

Ambos forman parte del Gabinete Canario de Neurocirugía, con consulta en Las Palmas de Gran Canaria y Maspalomas (Hospital San Roque), donde se estudia cada caso de forma individual, se interpretan las pruebas de imagen y se orienta el tratamiento más adecuado para pacientes de toda Canarias.

Pide cita para valorar tu caso

Si tú o un familiar presentáis síntomas compatibles con la Triada de Hakim —alteración progresiva de la marcha, incontinencia urinaria y pérdida de memoria—, caídas frecuentes o cambios urinarios sin explicación clara, no lo atribuyáis sin más a la edad. Consultar no significa operar siempre; significa tener un diagnóstico claro. Puedes solicitar una consulta con un neurocirujano a través de esta página o llamando al 928 40 40 40.

En resumen, la hidrocefalia es una patología que conviene valorar con un especialista, especialmente cuando la marcha, la memoria y el control urinario empeoran a la vez en una persona mayor. Un diagnóstico preciso, apoyado en la RM y en pruebas como el tap test, es el primer paso para decidir si está indicada una válvula de derivación o una ventriculostomía endoscópica. Si notáis estos síntomas en Canarias, consultad con un neurocirujano para una valoración experta.

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Dr. Daniel Rodriguez Pons

Especialista en Neurocirugía con trayectoria en cirugía de columna y patología craneal. Pasa consulta en Las Palmas de Gran Canaria y Maspalomas.
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Dr. Francisco Delgado López

Especialista en patología cerebral, cirugía de columna y técnicas mínimamente invasivas. Pasa consulta en Las Palmas de Gran Canaria y Maspalomas.
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