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Meningioma: qué es, síntomas y cuándo se opera

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Descubre qué es un meningioma, sus síntomas y las pruebas utilizadas para diagnosticarlo. Conoce cuándo puede vigilarse mediante resonancias periódicas y en qué situaciones el crecimiento, la localización, la compresión cerebral o los síntomas hacen recomendable plantear una intervención quirúrgica.

Recibir un diagnóstico de meningioma suele generar una preocupación inmediata. ¿Es un tumor maligno?, ¿hay que operarlo?, ¿puede crecer?, ¿qué consecuencias puede tener? Sin embargo, encontrar un meningioma no significa necesariamente que sea necesario intervenir de forma urgente.

Muchos meningiomas crecen despacio, no producen síntomas y pueden mantenerse estables durante años. En estos casos, el tratamiento puede consistir en controles periódicos. En otros pacientes, en cambio, el tamaño del tumor, su crecimiento o la presión que ejerce sobre determinadas estructuras cerebrales hacen recomendable plantear una cirugía.

Por eso, para entender cuándo se opera un meningioma no basta solo con mirar su tamaño. Hay que valorar su localización, su evolución, los síntomas del paciente y la relación del tumor con estructuras próximas. Pero empecemos hablando sobre qué es esta afección.

¿Qué es un meningioma?

Un meningioma es un tumor de las meninges, las membranas que envuelven y protegen el cerebro y la médula espinal. Aunque suele hablarse de meningioma cerebral, técnicamente no se origina en las células del propio cerebro, sino en estos tejidos que lo rodean.

Puede aparecer en distintas zonas del cráneo y, con menor frecuencia, alrededor de la médula espinal. Su comportamiento depende en gran medida de su localización y de su tipo histológico.

Un tumor relativamente pequeño puede causar síntomas importantes si comprime un nervio o una zona sensible, mientras que otro de mayor tamaño puede pasar desapercibido durante bastante tiempo.

Por qué la mayoría son benignos: grados I, II y III

La mayoría de los meningiomas son de grado I. Se consideran tumores de comportamiento generalmente benigno y suelen crecer bastante despacio. Esto explica que algunas personas pueden vivir con un meningioma durante años sin necesitar tratamiento.

Los meningiomas de grado II presentan características más atípicas y una mayor tendencia a crecer o reaparecer después del tratamiento. Los de grado III son mucho menos frecuentes y tienen un comportamiento más agresivo.

El grado definitivo no puede determinarse con un TAC craneal, sino mediante el análisis del tejido tumoral cuando se realiza una intervención quirúrgica o se obtiene una muestra.

Causas y factores de riesgo

A diferencia de otros trastornos como la hidrocefalia, en la mayoría de los pacientes no puede identificarse una causa concreta que explique por qué aparece un meningioma.

Se sabe que existen alteraciones celulares que favorecen el crecimiento de las células de las meninges. También se han descrito determinados factores asociados a una mayor probabilidad de desarrollar estos tumores, como algunos trastornos genéticos poco frecuentes o una exposición previa a radiación ionizante en la cabeza.

Además, los meningiomas son más frecuentes en mujeres, lo que ha llevado a estudiar la posible influencia hormonal en algunos casos.

No obstante, tener un factor de riesgo no significa que una persona vaya a desarrollar un meningioma tarde o temprano en su vida.

Síntomas: por qué muchos no dan ninguno

En un meningioma, los síntomas pueden ser muy diferentes de una persona a otra. De hecho, una parte importante de estos tumores no produce ninguna molestia y se descubren de manera accidental.

Como suelen crecer despacio, el cerebro puede adaptarse poco a poco a su presencia. Los síntomas aparecen sobre todo cuando el tumor alcanza un tamaño suficiente para comprimir el tejido cerebral, determinados nervios o estructuras próximas.

Entre las manifestaciones posibles se encuentran dolores de cabeza persistentes, crisis epilépticas, alteraciones de la visión, pérdida de fuerza, cambios en la sensibilidad, dificultades del lenguaje o problemas de equilibrio.

La presencia de alguno de estos síntomas no significa que exista un meningioma, ya que pueden aparecer en muchas otras enfermedades como el hematoma subdural crónico.

Síntomas según la localización del tumor

La localización es uno de los factores que más influye en las manifestaciones de un meningioma cerebral.

Un tumor próximo a las áreas relacionadas con el movimiento puede provocar pérdida de fuerza en un brazo o una pierna. Si se encuentra cerca de las vías visuales, puede producir alteraciones de la visión. Cuando afecta a determinadas regiones frontales, los cambios pueden ser más sutiles y manifestarse mediante dificultades de concentración, cambios de conducta o problemas cognitivos.

Los meningiomas próximos a nervios craneales pueden ocasionar pérdida auditiva, alteraciones de la sensibilidad facial, problemas de visión u otros déficits neurológicos.

Señales de alarma que obligan a consultar

Una crisis epiléptica de nueva aparición, una pérdida repentina o progresiva de fuerza, una alteración importante del lenguaje o de la visión, cambios neurológicos evidentes o un deterioro progresivo requieren valoración médica.

También conviene consultar cuando un paciente con un meningioma conocido comienza a desarrollar síntomas que antes no tenía.

En presencia de síntomas neurológicos bruscos o intensos, la valoración debe realizarse con urgencia.

Diagnóstico: la resonancia magnética con contraste

La resonancia magnética cerebral con contraste es una de las principales pruebas para estudiar un meningioma.

Permite conocer con detalle su tamaño, localización y relación con el cerebro, los nervios, los vasos sanguíneos y otras estructuras. También ayuda a detectar si existe edema, es decir, inflamación del tejido cerebral alrededor del tumor.

Comparar resonancias realizadas en distintos momentos es muy importante. No es lo mismo observar una lesión que permanece estable durante años que comprobar un crecimiento progresivo en varias exploraciones.

El hallazgo casual: encontrado en una prueba por otro motivo

No es raro descubrir un meningioma durante un TAC o una resonancia solicitados por una causa diferente.

El hallazgo casual de un tumor pequeño y sin síntomas no significa que haya que operarlo. En muchos casos, la opción más adecuada consiste en realizar un seguimiento mediante resonancias periódicas.

Estos controles permiten comprobar si el tumor permanece estable o está creciendo, y decidir el tratamiento antes de que pueda causar problemas relevantes.

¿Un meningioma tiene cura? ¿Puede desaparecer?

En numerosos casos, en especial cuando se trata de un tumor de grado I que puede extirparse de forma segura, el control a largo plazo puede ser excelente.

Sin embargo, no todos los meningiomas pueden eliminarse por completo. Algunos están unidos a vasos sanguíneos, nervios u otras estructuras cuya lesión podría provocar consecuencias importantes. En estas situaciones puede ser preferible dejar una pequeña parte del tumor y mantenerla bajo vigilancia o tratarla mediante radioterapia o radiocirugía.

Un meningioma normalmente no desaparece de forma espontánea. El objetivo del tratamiento es controlar su crecimiento y preservar al máximo la función neurológica en los cuidados tras cirugía.

Tratamiento: vigilancia, cirugía y radiocirugía

El tratamiento de un meningioma debe decidirse de forma individual. Como explica el Dr. Francisco Delgado López, las tres estrategias principales son la vigilancia mediante pruebas de imagen, la cirugía y determinadas técnicas de radioterapia o radiocirugía.

La elección depende sobre todo del tamaño, la localización, el crecimiento, los síntomas, la edad, el estado general del paciente y el riesgo que supondría cada tratamiento.

Cuándo se vigila con resonancia periódica

Un meningioma benigno pequeño, sin síntomas y sin signos preocupantes se puede mantener tan solo con una vigilancia regular.

El neurocirujano programa resonancias para comprobar su evolución. La frecuencia de los controles se adapta a las características del tumor y a lo que muestran las exploraciones sucesivas.

Si permanece estable, se puede continuar con la observación. Si empieza a crecer, produce edema o aparecen síntomas, es necesario volver a valorar la estrategia.

Vigilar no significa ignorar el tumor. Es una forma de tratamiento basada en evitar una intervención cuyo riesgo puede ser mayor que el beneficio esperado en ese momento.

Cuándo se opera

Cómo comenta el Dr. Daniel Rodríguez Pons, la cirugía se suele plantear cuando el tumor provoca síntomas neurológicos, muestra un crecimiento significativo en los controles, alcanza un tamaño que empieza a generar compresión cerebral o produce edema alrededor.

También se puede recomendar cuando sus características radiológicas generan dudas sobre su comportamiento o cuando continuar esperando podría hacer más compleja una futura intervención.

El tamaño es importante, pero nunca se debe analizar de forma aislada. La localización puede ser incluso más relevante. Un meningioma relativamente pequeño situado junto a un nervio óptico, por ejemplo, puede necesitar tratamiento antes que otro mayor localizado en una zona con más espacio disponible.

El objetivo de la cirugía es retirar la máxima cantidad posible de tumor manteniendo siempre como prioridad la seguridad neurológica del paciente.

Radiocirugía: cuándo es alternativa a la cirugía abierta

La radiocirugía en un meningioma permite administrar radiación de gran precisión sobre el tumor sin recurrir a una cirugía abierta.

Puede ser una opción en determinados meningiomas pequeños, tumores situados en zonas donde la cirugía presenta un riesgo elevado o restos tumorales que permanecen después de una intervención.

También se puede utilizar cuando existen determinadas condiciones que hacen menos aconsejable una operación convencional.

No todos los meningiomas son candidatos a radiocirugía. El tamaño, la proximidad a estructuras sensibles y la existencia de edema influyen de manera importante en la decisión.

Pronóstico y calidad de vida

Preguntarse qué tan grave es un meningioma es completamente comprensible. Sin embargo, el diagnóstico por sí solo no permite determinar el pronóstico.

La mayoría de los meningiomas son de bajo grado y presentan un comportamiento favorable. Otros necesitan un seguimiento más estrecho o tratamientos adicionales debido a su localización, crecimiento o características histológicas.

La esperanza de vida tampoco se puede resumir en una cifra aplicable a todos los pacientes. En muchos casos de meningioma benigno controlado adecuadamente, la enfermedad puede tener poca o ninguna repercusión sobre las expectativas vitales.

Las posibles secuelas dependen sobre todo de las estructuras afectadas por el tumor y de la complejidad del tratamiento. El objetivo actual de la neurocirugía no consiste solo en controlar el meningioma, sino también en preservar la autonomía y la calidad de vida.

Cuándo consultar al neurocirujano

La consulta con un neurocirujano es importante en especial cuando se descubre un meningioma por primera vez, aunque no produzca síntomas.

El neurocirujano puede revisar las imágenes, valorar su localización y establecer si es suficiente realizar seguimiento o si conviene considerar algún tratamiento.

También es recomendable consultar cuando un meningioma conocido presenta crecimiento en las resonancias o cuando aparecen síntomas nuevos.

Una valoración individual permite evitar tanto tratamientos innecesarios como retrasos en situaciones en las que intervenir puede prevenir problemas neurológicos futuros.

Preguntas frecuentes

¿Qué tan grave es un meningioma?

Depende de su grado, tamaño, localización, velocidad de crecimiento y de los síntomas que produzca. La mayoría son meningiomas de grado I y tienen un comportamiento benigno, pero incluso un tumor benigno puede causar problemas si comprime estructuras cerebrales importantes.

¿Cuánto puede vivir una persona con un meningioma?

No existe una única cifra para calcular la esperanza de vida. El pronóstico depende del grado tumoral, la localización, la posibilidad de tratamiento, la edad y el estado general del paciente.

¿Cómo se cura un meningioma?

Cuando está indicado y puede realizarse con seguridad, la cirugía permite extirpar el tumor y obtener tejido para conocer exactamente su tipo y grado. En otros casos, el mejor tratamiento puede ser la vigilancia o la radiocirugía. Algunos pacientes necesitan combinar cirugía y radioterapia.

¿Qué síntomas da un meningioma?

Cuando aparecen, dependen principalmente de la zona afectada. Puede provocar dolor de cabeza, crisis epilépticas, pérdida de fuerza o sensibilidad, problemas visuales, alteraciones del lenguaje, dificultades de equilibrio o cambios cognitivos, entre otros síntomas.

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Dr. Daniel Rodriguez Pons

Especialista en Neurocirugía con trayectoria en cirugía de columna y patología craneal. Pasa consulta en Las Palmas de Gran Canaria y Maspalomas.
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Dr. Francisco Delgado López

Especialista en patología cerebral, cirugía de columna y técnicas mínimamente invasivas. Pasa consulta en Las Palmas de Gran Canaria y Maspalomas.
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